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martes, 4 de julio de 2017

De la ausencia de caminos

Si hay un camino, es el camino de otro, y por tanto no sirve para ti. © Antón Rodicio 2017. 

jueves, 28 de agosto de 2014

El por qué del creador

El creador crea para escapar de una situación insoportable que está continuamente acechándole: la que describe el cuarto monólogo de Hamlet, en la cual ni es posible vivir ni es posible suicidarse. © Antón Rodicio 2014.

viernes, 15 de agosto de 2014

De las imágenes fotográficas extraordinarias

Esa imagen fotográfica extraordinaria que tanto anhelas plasmar, está ahí, a un paso de ti, lista para venir al mundo a través de tu cámara. Pero será como ella quiera ser, y no como tú te hayas imaginado que sea. Que tú te hayas hecho una idea previa de ella, es suficiente para que ella sea de otro modo. Lo que busques, no lo encontrarás, y si insistes y lo encuentras, no será más que algo mediocre, turístico, del montón. Niégate a las ideas preconcebidas. Ponte en marcha sin ninguna encima. Y de ese modo, cuando menos lo esperes, la imagen te encontrará. No eres tú quien puede llegar a ella. Es ella quien viene a ti cuando no le pones obstáculos. El mayor obstáculo eres tú. ¡Apártate de una vez! © Antón Rodicio 2014.

martes, 28 de mayo de 2013

Sobrevivir a una sirena

Una de las mayores hazañas que un hombre puede llevar a cabo es sobrevivir, sin huir, ni taparse los oídos con cera ni guarecerse tras el intelecto o cualquier otro escudo, al ataque indiscriminado de una sirena. Si consigue llegar indemne hasta el punto en que ella, con la mente exhausta y el corazón petrificado, lo deje por imposible, la transformación creativa que se puede operar en él es inimaginable. Pero pocos son lo que logran alcanzar el final del camino. Marco Antonio fue uno de los innumerables que no lo consiguieron. © Antón Rodicio 2013.
[La presente entrada del blog cierra un ciclo que abrió esta otra.]

sábado, 25 de mayo de 2013

Ruego

De resentidos, acomplejados y apocados, libera me domine. © Antón Rodicio 2013.

domingo, 28 de abril de 2013

La lámpara

Paseando el pasado verano por el Gran Bazar de Estambul, de repente me encontré con ella. Quiso venirse conmigo y conmigo la traje. Pero no sin antes cerciorarme de que no era la de Aladino. ¡Qué gigantescas estupideces cometeríamos a veces de tener a nuestra disposición la lámpara de los deseos! Que el destino nos libere de obcecaciones y nos ayude a no desear nunca algo que esté muy por debajo de nuestras capacidades, y en caso de desearlo, nos niegue la lámpara capaz de permitirnos cambiar los ojos por el rabo. © Antón Rodicio 2013.

miércoles, 24 de abril de 2013

Con sigilo y disimulo

Cuando alguien engaña, cuando finge,
cuando trata, con sigilo y disimulo, de aparentar lo que no es,
no hay más que darle tiempo para que muestre
su verdadera cara.
No hay actor tan consumado que consiga
actuar sin traicionarse por tiempo ilimitado.
© Antón Rodicio 2013.

jueves, 9 de junio de 2011

Del canto de la sirena

En el libro XII de la Odisea, Ulises se las arregla para escuchar el canto de las sirenas y no sucumbir. Habiendo oído que todo marinero que las escucha resulta hechizado, cayendo en un estado abrumador que lo aparta de su ruta y le hace estrellar su navío contra los arrecifes, tapa los oídos de su tripulación con cera y luego se hace atar al mástil, para que el efecto de la música sobre él no tenga consecuencias irreparables.

Evidentemente, esta hazaña de Ulises es de un mérito limitado, y poco dice sobre su madurez y su grado de evolución. La verdadera heroicidad (o mejor sería llamarla temeridad, si se hace con conocimiento de causa) estaría en escuchar el canto, no de las sirenas, sino de una sola sirena, sin mástil alguno para protegerse, y salir indemne, esperando a que el canto concluya de modo natural.

Pero hay algo peor aún que eso: que mientras uno escucha embelesado su canto, la sirena se calle de pronto y desaparezca. Mucha heroicidad, mucha fuerza interior, mucha madurez y mucha evolución necesitará un tal Ulises en una situación así para no volverse loco y no perder el rumbo, el navío y la vida corriendo tras ella.

(La sirena en ningún caso corre riesgo alguno, pues al tratarse de un ser bidimensional, carente de profundidad, nada hay en el mundo de los humanos que pueda dañarla).  © Antón Rodicio 2011.

[Las imágenes de esta entrada provienen, respectivamente, de:
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/a5/Draper-Ulysses_and_Sirens.jpg
http://andieairfix.files.wordpress.com/2011/02/waterhouse-siren.jpg]