sábado, 11 de junio de 2022

¿Por qué y para qué estoy aquí?

En lo que atañe a las grandes preguntas de la vida,
de nada a los mortales le sirven hoy los mitos:
su robusto intelecto ya no puede conformarse
con fábulas, leyendas, dogmas o doctrinas.

La religión ya no logra consolarlos con sus cáscaras vacías,
la ciencia no admite entre sus fines perseguir
tan grandes objetivos,
el arte está ocupada intentando gestionar el sinsentido,
la filosofía hace tiempo que chocó contra sus límites.

¿Qué somos? ¿Qué sentido
tiene el nacer y el morir?
¿Por qué y para qué estoy aquí?
¿Se conserva mi memoria tras la muerte,
se conserva mi consciencia,
sigo siendo yo?

Por vez primera en la historia del mundo se hace imperativo
conocer la verdad.
Ya no es suficiente con un mito; indispensable
resulta lo real.

En ausencia de respuestas comprobables
ya no es posible ningún significado, y sólo quedan
las diversas formas de evasión, de escape, de adicción.

El cerebro aturdido, la mente
embotada y el alma encarcelada
en la materia, privada
de cualquier tipo de expresión.

Evidencia contrastable necesitan los humanos de cuál es
el sentido de su vida.
© Antón Rodicio 2022

martes, 29 de marzo de 2022

Mírame a los ojos

Vladimir, sal del parapeto y mírame a los ojos.
Deja la mesa paranoica de diez metros y mírame a los ojos.
Sal de los laberintos de la historia, Vladimir, y mírame a los ojos.

Son los ojos de la humanidad que te interrogan.
Son los ojos de los gigantes morales de tu pueblo,
que te miran desde el tiempo y te desprecian.
Son los ojos implacables de las madres
de tus niños rotos.

Muchachos que aún no se afeitaban, silenciosos,
condecorados en un sórdido pasillo de hospital.
Muchachos encogidos bajo el peso de sus almas cercenadas,
taciturnos, gesto adusto y ausente la mirada,
recibiendo un pedazo de hojalata como pago por el pie
que jamás volverá a tocar el suelo.
© Antón Rodicio 2022

jueves, 24 de marzo de 2022

Estampas de la vida salvaje

Nos maravilla la belleza de la vida salvaje: las águilas planeando en la inmensidad, la agilidad de los leopardos, los juegos de los delfines y los espectaculares saltos de las ballenas fuera del agua. Pero si la miramos de cerca, la belleza enseguida deja paso al espanto. Cuando una leona caza a una gacela, la muerte suele ser instantánea, pero cuando caza una cebra, la situación es muy diferente. El cuello de la cebra es enorme, y aunque los colmillos de la leona son largos y afilados, resultan demasiado cortos para alcanzar algún vaso sanguíneo principal. La muerte tiene que ser por asfixia, apretando la tráquea de la víctima entre sus fauces para cortar el paso del aire a los pulmones. La agonía de la cebra no dura menos de cinco o seis minutos. Cuando un dragón de Komodo (gigantesco lagarto de cerca de tres metros de longitud y más de cien kilos de peso) caza un ciervo o un jabalí, les arranca la carne a trozos y se la come mientras la presa aún está viva y consciente. Y lo mismo hacen las hienas. Atacan en grupo a un búfalo, le arrancan los genitales, consiguiendo así derribarlo al suelo, y cuando le tienen la parte trasera ya toda comida, aún está el animal dando mugidos de dolor y tratando inútilmente de levantarse con las patas delanteras.

Si en lugar de un búfalo es un ñu, una sola hiena es suficiente. La hiena se lanza al ñu por un costado y lo muerde hasta que consigue derribarlo e inutilizarle una de las patas traseras. Sigue luego mordiéndolo en el suelo hasta abrirle un enorme boquete por el cual empieza a colgar hacia fuera parte del estómago del ñu. Por ese boquete, la hiena introduce repetidamente su boca y hasta su cabeza entera para extraer de dentro del ñu, primero tripas, y luego, trozos más suculentos de comida. Y mientras tanto, el ñu está vivo, totalmente consciente y emitiendo mugidos de dolor.
Rousseau, evidentemente, no sabía de qué hablaba cuando hablaba de la naturaleza salvaje. Y aquellos para quienes tiene algún significado el omnipotente, omnisciente e infinitamente bueno Dios cristiano, ya pueden movilizar sus neuronas a ver si consiguen sacarlo de este aprieto. © Antón Rodicio 2022

lunes, 6 de diciembre de 2021

Giordano Bruno, mártir de la libertad de pensamiento


«Y tú ardías incendiado,
solo en la infinitud del universo
y sus innumerables mundos,
víctima de jueces
tributarios de sombra
y sombra
y sombra
hasta nosotros.
Sombra.
Pero tú aún ardes luminoso».

Poema de José Ángel Valente perteneciente a su poemario póstumo “Fragmentos de un libro futuro”. Habla de Giordano Bruno, el astrónomo, filósofo, teólogo y poeta italiano condenado a la hoguera por la inquisición y quemado vivo el 17 de febrero de 1600.

Esta es la estatua que desde 1889 lo recuerda en el lugar de su ejecución: la plaza romana del Campo dei Fiori, tal como la fotografié en el verano de 2019.

El proceso inquisitorial fue dirigido por el cardenal Belarmino, que años después condenaría también a Galileo. «Eppur si muove» («y sin embargo, se mueve») es la famosa frase que éste último –científico pragmático– pronunció, al parecer, por lo bajo después de abjurar ante Belarmino del movimiento de la Tierra alrededor del Sol.

Bruno, sin embargo, era un visionario en cuya mente no cabía la retractación. «Tiemblas tú más al pronunciar esta sentencia que yo al recibirla» le dijo a la cara a Belarmino al escuchar la condena.

Y cuando ya a punto de ser encendida la hoguera, le ofrecieron un crucifijo para que lo besara, lo rechazó diciendo que moriría como un mártir de la libertad de pensamiento, y su alma ascendería empujada por el fuego al paraíso. © Antón Rodicio 2021 

jueves, 4 de noviembre de 2021

Huir del mundanal ruido


Huir del mundanal ruido.
Sumergirse en el anonimato.
Permitirse ser nada.
Consentir en pasar por el mundo
dejando la huella que el pez deja en el agua.
© Antón Rodicio 2021

sábado, 25 de septiembre de 2021

La ninfa en el Atlas Mnemosyne

Que una imagen dice más que mil palabras es una de las simplificaciones favoritas de las mentes perezosas. Hay pensamientos que no se pueden apresar ni expresar en palabras, pero sí ser exteriorizados y visualizados en imágenes. El alma del mundo siente predilección por las imágenes y por la mezcla, la yuxtaposición y la superposición de imágenes, moviéndose para ello por caminos ajenos al tiempo y gustando de quiebros y rupturas al margen de la lógica y del sentido común. En la geometría del alma, la línea recta es siempre la distancia más larga entre dos puntos.

El alma del mundo se siente a sus anchas en el “Atlas Mnemosyne”, de Aby Warburg (1866-1929), un historiador del arte alemán, primogénito de una de las familias de banqueros más potentes de Europa.

Interesado más en estudiar la supervivencia del paganismo dionisíaco en el Renacimiento italiano que en las finanzas, Aby cedió la primogenitura a su hermano Max, a cambio de que éste le comprase todos los libros que necesitase para sus estudios durante toda su vida. La cantidad desembolsada por Max debió ser elevada, pues la biblioteca de Aby, que ahora se encuentra en Londres, después de haber sido sacada de Hamburgo en dos barcos de vapor en 1933 para alejarla de la barbarie nazi, tiene sesenta mil volúmenes, además de miles de fotografías.

Warburg dedicó al “Atlas Mnemosyne” los últimos cinco años de su vida, después de pasar los seis anteriores en un manicomio. La obra, que quedó incompleta e inacabada, consiste en sesenta paneles, en cada uno de los cuales se dispone un conjunto de imágenes fotográficas que hacen referencia, principalmente, a aspectos de la cuestión más arriba indicada: la del legado del mundo clásico en el arte del Renacimiento. Cada panel es un montaje de imágenes, un collage. Y las relaciones entre estas imágenes, responsables de su agrupación en un mismo panel, no son conceptuales, semánticas, estilísticas o estéticas, sino más bien inconscientes, espontáneas, rayando en obsesiones personales, difíciles de determinar a priori. Dificultad que no se ve atenuada por las pocas líneas de texto (muy pocas, tres o cuatro como máximo) que Warburg escribió haciendo referencia al contenido de cada panel.

El panel 46, por ejemplo,

lleva el texto: «Ninfa. “Eilbringitte” en el círculo de Tornabuoni. Domesticación». Entre sus veintiséis imágenes destaca el fresco del “Nacimiento de San Juan Bautista” de Ghirlandaio

en la capilla Tornabuoni de la basílica Santa María Novella de Florencia. En este fresco, y más concretamente, en una de sus figuras, vio Warburg reflejada como en ningún otro lugar, una de sus obsesiones: el gesto, la vestimenta en movimiento intenso y continuo. La figura aludida es la de la joven que irrumpe en la estancia por la derecha con una cesta en la cabeza y que, en realidad, desentona completamente con el resto de la composición. ¿Qué hace una figura así en la habitación de una parturienta? ¿De dónde proviene? Todo en ella es movimiento, todo sensual, provocativo, pagano. Se diría que una ménade (ninfa de Dionisos) irrumpe en el espacio de la imaginería cristiana…

En la imaginación de Warburg, esta figura que irrumpe está cargada de significados: ninfa, diosa pagana, Victoria de un arco de triunfo romano…, y a ella se refiere con la expresión “Eilbringitte”, compuesta de “eil” (prisa), “bring” (traer) y el nombre propio femenino alemán “Brigitte”.

Las demás imágenes de este panel 46 tocan de un modo u otro el mismo tema. Entre ellas están un dibujo de la mujer que lleva el cántaro en el cuadro de Rafael “El incendio del Borgo”, un detalle del fresco “Tentación de Cristo” de Boticelli mostrando a una portadora de enseres, un dibujo de Agostino Veneziano mostrando a una mujer llevando un cántaro sobre la cabeza o el cuadro de Filippo Lippi “Virgen con el Niño y escenas de la vida de Santa Ana”. Y está también el retrato por Ghirlandaio de Giovanna Tornabuoni (también aquí adjunto), dama perteneciente a una ilustre familia de la nobleza florentina. Esta imagen muestra el polo opuesto de la ménade del fresco del Nacimiento del Bautista: la continencia y la serenidad frente a la sensualidad y el movimiento, y está, evidentemente, relacionada con la «domesticación» a la que alude el texto del panel.

El tema de la ninfa aparece también en el panel siguiente, el 47,

cuyo texto menciona a la ninfa como ángel custodio y como cazadora de cabezas, y entre cuyas imágenes hay cinco referidas al tema de Tobías y el ángel; cuatro, al tema de Salomé y la decapitación de Juan el Bautista, y seis que muestran a Judit cortando o transportando la cabeza cortada de Holofernes.

Que aparezcan juntos estos aspectos de ángel custodio y decapitadora de la ninfa es un ejemplo de cómo la complejidad del Atlas refleja la complejidad del mundo.

Mi interés en el “Atlas Mnemosyne” es, primariamente, fotográfico y literario, pero me fascina sobre todo por lo que tiene de espejo capaz de reflejar los inconexos fragmentos de quien se pone ante él con el secreto anhelo de encontrar las invisibles y acaso inexistentes relaciones que puedan hacerlos encajar. © Antón Rodicio 2021

lunes, 8 de marzo de 2021

De los libros que hemos leído

Los libros leídos son una parte importante de aquello que conforma nuestra identidad. Cuando nos sentamos en medio de nuestra biblioteca, cuando nos acercamos a una de las estanterías que contienen nuestros libros leídos, estamos con nuestra memoria, con lo que fuimos, con lo que somos, con lo que llegaremos a ser..., porque las semillas que plantamos en nuestro interior al leer un libro fructifican a veces años después de la lectura. ¡Ah!, de cuántos fríos nos protegen estos libros que nos rodean, que nos cobijan, que nos observan callados desde las gradas de nuestra vida pasada...© Antón Rodicio 2021