domingo, 28 de abril de 2013

La lámpara

Paseando el pasado verano por el Gran Bazar de Estambul, de repente me encontré con ella. Quiso venirse conmigo y conmigo la traje. Pero no sin antes cerciorarme de que no era la de Aladino. ¡Qué gigantescas estupideces cometeríamos a veces de tener a nuestra disposición la lámpara de los deseos! Que el destino nos libere de obcecaciones y nos ayude a no desear nunca algo que esté muy por debajo de nuestras capacidades, y en caso de desearlo, nos niegue la lámpara capaz de permitirnos cambiar los ojos por el rabo. © Antón Rodicio 2013.

miércoles, 24 de abril de 2013

Con sigilo y disimulo

Cuando alguien engaña, cuando finge,
cuando trata, con sigilo y disimulo, de aparentar lo que no es,
no hay más que darle tiempo para que muestre
su verdadera cara.
No hay actor tan consumado que consiga
actuar sin traicionarse por tiempo ilimitado.
© Antón Rodicio 2013.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Los enemigos de la creatividad

Tres son los más acérrimos enemigos de la creatividad: el huracán de la ambición, la lacra de una baja autoestima y la cobardía de no ser capaz de abrirse a los demás. © Antón Rodicio 2013

domingo, 4 de noviembre de 2012

Criterio

Es arte si permite captar lo invisible más allá de lo visible. © Antón Rodicio 2012.

domingo, 7 de octubre de 2012

Criaturas de la noche

La serpiente llevaba meses rondándome, pero siempre a escondidas, oculta entre la maleza. Esta vez, sin embargo, se mostró abiertamente, y esa fue su perdición. Salió a cielo abierto y la vi cuán larga era, arrastrando por el camino sus más de dos metros de cuerpo plateado. No fallé: de un certero golpe con un sable le separé limpia y rotundamente la cabeza del cuerpo. Y luego, como si quisiese comprobar que mi parte artística no había quedado afectada por lo que acababa de suceder, le pedí a una amiga que juntase las dos partes del ofidio para hacerle una fotografía. Ella lo hizo con maestría, y salió una imagen extraordinaria.

El gato también llevaba tiempo oculto en mis proximidades. Hacía unos meses lo había visto robándome unas magdalenas y lo había perseguido, pero no lo había alcanzado. Ahora, sin embargo, lo descubrí en una de las habitaciones de mi casa, él y yo dentro de la habitación y con la puerta cerrada. Tan gordo estaba que al principio lo confundí con un rottweiler. Por eso cogí un palo y me enfrenté a él, y entonces fue cuando me di cuenta de que era un gato, un enorme gato negro. Viéndose acorralado, se puso furioso y en actitud de atacarme. Yo temí que fuese a lanzárseme a la cara y sacarme los ojos con las uñas, por lo que traté de ir hacia la ventana para abrirla y que el felino pudiese huir por allí. No hizo falta, porque la ventana estaba, en realidad, ligeramente entreabierta, muy ligeramente, y el gato, de un salto y con un leve malabarismo, logró colarse por la abertura. Aliviado me asomé para ver cuál había sido el resultado de la huida, y entonces vi, para mi sorpresa, ya que la altura no era para tanto, que el gato se había destrozado contra el suelo. Tenía multitud de fracturas, el rabo y la cabeza separados del cuerpo, el pecho despellejado… Aún se movía, pero, evidentemente, estaba en las últimas. © Antón Rodicio 2012.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Creatividad y vulnerabilidad

No es difícil herirme, pero no levanto muros para evitar las heridas. Porque descubrí hace tiempo que en la vulnerabilidad está la clave de la creatividad. Detrás de cada muro levantado para hacerse invulnerable en algún aspecto, una parte del alma se marchita, se osifica y se muere. Es preferible arriesgarse a las heridas, a los temores y a las inseguridades, pues todo eso quedará sobradamente compensado con lo nuevo que, al no cerrarse, entrará en el alma, y sobre todo, con lo nuevo que saldrá de ella. © Antón Rodicio 2012.

jueves, 12 de abril de 2012

De la libertad

La libertad exterior es imprescindible, pero lo verdaderamente decisivo es soltar las amarras interiores. © Antón Rodicio 2012.