Hay una estrecha
relación entre arte y locura. Es esta: el arte todo lo cura. © Antón Rodicio 2017.
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domingo, 5 de noviembre de 2017
viernes, 27 de febrero de 2015
El arte y la eternidad
La razón última de
la fascinación que las obras de arte ejercen sobre nosotros no es el placer
estético que su contemplación acaso nos produzca. Si la obra no es bella, ese
placer puede no existir, y en todo caso es secundario. Lo verdaderamente
importante es que la contemplación sea capaz de arrancarnos de nosotros mismos
y ponernos en contacto con el auténtico ser del mundo. Hacer añicos, aunque
sólo sea por un instante, nuestro diminuto mundo de todos los días y
permitirnos sentir lo invisible que se esconde a nuestra forma habitual de
percibir. Sacarnos de lo cotidiano y abrir una ventana hacia lo no tocado por
el tiempo, hacia la eternidad. © Antón Rodicio 2015.
domingo, 8 de septiembre de 2013
Del contenido de la obra de arte
La obra de arte sabe bien lo que
quiere contener, y si ha de ser auténtica (y de lo contrario no será una obra
de arte) contendrá eso y no otra cosa. Y para conseguirlo torturará a su
artífice todo lo que sea necesario hasta que deje de intentar ponerle patas a
la serpiente, hasta que se aparte a sí mismo y sus pretensiones y escuche,
hasta que deje sitio a ese contenido que quiere aflorar al mundo visible a
través de él. © Antón Rodicio 2013.
jueves, 8 de agosto de 2013
Memorable ocasión
El destino me ha deparado una ocasión memorable. En el Palacio Ducal de Venecia pude ver a la "Olympia" de Manet
colgada al lado de la "Venus de Urbino" de Tiziano.
Sublime la hora en que tal ocurrió. Momentos así son (junto con otros de variada índole y equivalente elevación) los que hacen que la vida merezca la pena ser vivida. © Antón Rodicio 2013.
[La segunda y la tercera imagen de esta entrada provienen respectivamente de
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/c/cd/Olympia-manet.jpg/1280px-Olympia-manet.jpg
y de
http://euclides59.files.wordpress.com/2013/01/tiziano_-_venere_di_urbino_-_google_art_project.jpg]
http://euclides59.files.wordpress.com/2013/01/tiziano_-_venere_di_urbino_-_google_art_project.jpg]
lunes, 22 de agosto de 2011
Botticelli y Simonetta
En la sala 10-14 de la florentina Gallerie degli Uffizi está “La Primavera” de Sandro Botticelli, una de las pinturas más famosas del Renacimiento.
En el centro del cuadro aparece Venus, la diosa del amor. A la derecha, el viento Céfiro persigue a Cloris, la inocente ninfa de la Tierra, que al ser tocada por él se transforma en Flora, diosa de la vegetación y de las flores. Por encima de Venus está Cupido, con alas y con los ojos vendados, dispuesto a lanzar su flecha. En la parte izquierda danzan las Tres Gracias, y hacia ellas, concretamente a la del centro, Castitas, apunta la saeta. En el extremo izquierdo del cuadro, el dios Mercurio aparta con su caduceo las nubes que pretenden entrar en el Jardín del Amor.
El rostro de Castitas en esta pintura es el de una mujer real de la época de Botticelli: Simonetta Cattaneo, esposa de Marco Vespucci, y el de Mercurio, hacia el que Castitas dirige la mirada, corresponde a su amante Giuliano de Médici, hermano menor de Lorenzo el Magnífico.
Simonetta fue unánimemente considerada por sus contemporáneos como la mujer más bella de la Florencia renacentista, y además de en “La Primavera”, sus rasgos aparecen en otras muchas pinturas de Botticelli. Son, por ejemplo, los de la figura principal de “El nacimiento de Venus”,
otro famoso cuadro del maestro florentino, en la misma sala del mismo museo, en el cual la diosa del amor, flotando desnuda en el mar de pie sobre una concha, es empujada por el viento Céfiro y la brisa Aura hacia la costa, en donde la espera la diosa de la Primavera con una túnica para cubrir su desnudez. Y es también el de Simonetta el rostro de la Venus de “Venus y Marte”,
otro célebre cuadro de Botticelli, que se exhibe en la National Gallery de Londres, y en el que Marte es, a su vez, un retrato de Giuliano.
Además de servirse de sus rostros en sus cuadros, Botticelli pintó también retratos de ambos. De Simonetta hay uno en la Gemäldegalerie de Berlin,
y de Giuliano, otro en la Colección Crespi de Milán.

Simonetta murió de tuberculosis en 1476, a los 23 años, y Giulano dos años más tarde, cuando tenía 25, asesinado en la catedral de Florencia en la fallida conspiración de los Pazzi, que perseguía arrebatar el poder a la familia Medici.
Que Botticelli estuvo enamorado, platónicamente, de Simonetta, parece fuera de toda duda. Lo atestigua la cantidad de veces que la pintó, y lo atestigua el hecho de que treinta y cuatro años después de la muerte de ella, él, sintiendo cercana la suya, pidiese ser enterrado a los pies de su tumba, en la iglesia de Ognissanti.
Deseo que le fue concedido. © Antón Rodicio 2011.
[Las cinco primeras imágenes de esta entrada provienen, respectivamente, de:
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/3c/Botticelli-primavera.jpg http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/4/47/La_nascita_di_Venere_%28Botticelli%29.jpg
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/7/7d/Venus_and_Mars.jpg
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/d/d2/Sandro_Botticelli_066.jpg
http://paintingdb.com/s/7849/]
En el centro del cuadro aparece Venus, la diosa del amor. A la derecha, el viento Céfiro persigue a Cloris, la inocente ninfa de la Tierra, que al ser tocada por él se transforma en Flora, diosa de la vegetación y de las flores. Por encima de Venus está Cupido, con alas y con los ojos vendados, dispuesto a lanzar su flecha. En la parte izquierda danzan las Tres Gracias, y hacia ellas, concretamente a la del centro, Castitas, apunta la saeta. En el extremo izquierdo del cuadro, el dios Mercurio aparta con su caduceo las nubes que pretenden entrar en el Jardín del Amor. El rostro de Castitas en esta pintura es el de una mujer real de la época de Botticelli: Simonetta Cattaneo, esposa de Marco Vespucci, y el de Mercurio, hacia el que Castitas dirige la mirada, corresponde a su amante Giuliano de Médici, hermano menor de Lorenzo el Magnífico.
Simonetta fue unánimemente considerada por sus contemporáneos como la mujer más bella de la Florencia renacentista, y además de en “La Primavera”, sus rasgos aparecen en otras muchas pinturas de Botticelli. Son, por ejemplo, los de la figura principal de “El nacimiento de Venus”,
otro famoso cuadro del maestro florentino, en la misma sala del mismo museo, en el cual la diosa del amor, flotando desnuda en el mar de pie sobre una concha, es empujada por el viento Céfiro y la brisa Aura hacia la costa, en donde la espera la diosa de la Primavera con una túnica para cubrir su desnudez. Y es también el de Simonetta el rostro de la Venus de “Venus y Marte”,
otro célebre cuadro de Botticelli, que se exhibe en la National Gallery de Londres, y en el que Marte es, a su vez, un retrato de Giuliano. Además de servirse de sus rostros en sus cuadros, Botticelli pintó también retratos de ambos. De Simonetta hay uno en la Gemäldegalerie de Berlin,
y de Giuliano, otro en la Colección Crespi de Milán.
Simonetta murió de tuberculosis en 1476, a los 23 años, y Giulano dos años más tarde, cuando tenía 25, asesinado en la catedral de Florencia en la fallida conspiración de los Pazzi, que perseguía arrebatar el poder a la familia Medici.
Que Botticelli estuvo enamorado, platónicamente, de Simonetta, parece fuera de toda duda. Lo atestigua la cantidad de veces que la pintó, y lo atestigua el hecho de que treinta y cuatro años después de la muerte de ella, él, sintiendo cercana la suya, pidiese ser enterrado a los pies de su tumba, en la iglesia de Ognissanti.
Deseo que le fue concedido. © Antón Rodicio 2011.[Las cinco primeras imágenes de esta entrada provienen, respectivamente, de:
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/3c/Botticelli-primavera.jpg http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/4/47/La_nascita_di_Venere_%28Botticelli%29.jpg
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/7/7d/Venus_and_Mars.jpg
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/d/d2/Sandro_Botticelli_066.jpg
http://paintingdb.com/s/7849/]
sábado, 21 de mayo de 2011
Tesoros, dragones y doncellas
Las luchas contra dragones y otros grandes reptiles, principalmente serpientes, es un asunto de honda raigambre en la imaginación occidental.
En la mitología griega, por ejemplo, Apolo mató a la serpiente Pitón y se hizo así con el templo de Delfos, donde tenía su sede el oráculo de la Tierra-Madre.
El simbolismo cristiano ve al dragón y a la serpiente como personificación de lo diabólico, y en particular de Lucifer, al que el arcángel Miguel venció y arrojó a las profundidades del infierno (siendo esta razón por la que se asocia al dragón con el elemento fuego, y por la que se lo representa escupiendo fuego). La lucha con el dragón es, por tanto, la lucha contra el mal, y su representación es un tema de largo recorrido en la pintura occidental. Un cuadro casi surrealista pintado por Uccello hacia 1470, que se exhibe en la National Gallery de Londres;

una pequeña pero magnífica tabla realizada por Rafael en 1504, que se conserva en el Louvre,

y una exuberante pintura de Rubens en el Museo del Prado, ejecutada hacia 1506,

son algunos de los pasos más famosos de este recorrido. La imaginería de todos ellos se basa en una leyenda que se repite con ligeras variaciones en las tradiciones populares de diversos países, y que fue incluida por Jacobo de la Vorágine en su “Leyenda dorada” a mediados del siglo XIII.
En esta versión, los hechos ocurren en la Capadocia (Turquía). Un dragón ha hecho su guarida en la fuente que abastece a una ciudad, y los ciudadanos deben apartarlo diariamente de allí para coger agua. Lo consiguen mediante la ofrenda de una víctima humana que se elige al azar entre los habitantes. Un día la seleccionada es la hija del rey. Cuando está a punto de ser devorada por el dragón aparece San Jorge, oficial romano de Capadocia, que se enfrenta al dragón, lo mata y salva a la princesa. Los agradecidos ciudadanos abandonan entonces el paganismo y abrazan el cristianismo.
En la psicología junguiana, la doncella que el caballero debe salvar del dragón, simboliza el “ánima”, elemento femenino en la psique masculina (lo que Goethe llamó “el Eterno Femenino”), y el dragón es con frecuencia “la madre” (o para decirlo con más exactitud, el complejo materno).
Dice Jung: «En los mitos el héroe es aquel que vence al dragón, no el que es devorado por éste. (…) El héroe tampoco es aquel que nunca se encontró con el dragón, o que lo vio y luego negó haberlo visto. Asimismo, sólo aquel que se ha arriesgado a luchar con el dragón y no es vencido, consigue el tesoro escondido, el “tesoro difícil de obtener”. Sólo él tiene el verdadero derecho a la confianza en sí mismo, pues ha enfrentado el fondo oscuro de su ser y ha ganado».
Esto dice Jung, y yo coincido en que las batallas contra los dragones son muy difíciles de librar, y en que hay dragones muy difíciles de vencer. Pero también digo que además del punto de vista de Jung, cabe otro, no opuesto a él, sino complementario, que me parece muy pertinente para esta época nuestra que ha llevado hasta las últimas consecuencias el combate contra la Tierra-Madre que Apolo inició. En este otro punto de vista, la cuestión no es cómo vencer al dragón para arrebatarle el tesoro, sino cómo reconciliarse con el dragón para comprender que el tesoro siempre fue nuestro. (Evidentemente, nadie podrá reconciliarse con estos dragones si no ha vencido antes a algunos de los dragones de Jung.) © Antón Rodicio 2011.
[Las imágenes de esta entrada provienen, respectivamente, de:
http://preamp.us/galaxy09/wp-content/uploads/2011/01/Paolo_Uccello_047b.jpeg
http://www.zaleuco.it/pittura/sanzio/05930550.jpg
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh1Ws6yQdFOp4RV6IgbHGjbdGxW9ApQ_YCwJMNjphXAiYYTOlNzua9XrOc0ZOuG4o_Nk3Lxz0MXVyeVfDn6AUtAO0-jjSUhPsoNVgqBklTD-5TbcbrXaheptB85aNqojS_IltSftRDc4wg/s1600/rubens-lucha-de-san-jorge-y-el-dragon-1607.jpg]
En la mitología griega, por ejemplo, Apolo mató a la serpiente Pitón y se hizo así con el templo de Delfos, donde tenía su sede el oráculo de la Tierra-Madre.
El simbolismo cristiano ve al dragón y a la serpiente como personificación de lo diabólico, y en particular de Lucifer, al que el arcángel Miguel venció y arrojó a las profundidades del infierno (siendo esta razón por la que se asocia al dragón con el elemento fuego, y por la que se lo representa escupiendo fuego). La lucha con el dragón es, por tanto, la lucha contra el mal, y su representación es un tema de largo recorrido en la pintura occidental. Un cuadro casi surrealista pintado por Uccello hacia 1470, que se exhibe en la National Gallery de Londres;

una pequeña pero magnífica tabla realizada por Rafael en 1504, que se conserva en el Louvre,

y una exuberante pintura de Rubens en el Museo del Prado, ejecutada hacia 1506,

son algunos de los pasos más famosos de este recorrido. La imaginería de todos ellos se basa en una leyenda que se repite con ligeras variaciones en las tradiciones populares de diversos países, y que fue incluida por Jacobo de la Vorágine en su “Leyenda dorada” a mediados del siglo XIII.
En esta versión, los hechos ocurren en la Capadocia (Turquía). Un dragón ha hecho su guarida en la fuente que abastece a una ciudad, y los ciudadanos deben apartarlo diariamente de allí para coger agua. Lo consiguen mediante la ofrenda de una víctima humana que se elige al azar entre los habitantes. Un día la seleccionada es la hija del rey. Cuando está a punto de ser devorada por el dragón aparece San Jorge, oficial romano de Capadocia, que se enfrenta al dragón, lo mata y salva a la princesa. Los agradecidos ciudadanos abandonan entonces el paganismo y abrazan el cristianismo.
En la psicología junguiana, la doncella que el caballero debe salvar del dragón, simboliza el “ánima”, elemento femenino en la psique masculina (lo que Goethe llamó “el Eterno Femenino”), y el dragón es con frecuencia “la madre” (o para decirlo con más exactitud, el complejo materno).
Dice Jung: «En los mitos el héroe es aquel que vence al dragón, no el que es devorado por éste. (…) El héroe tampoco es aquel que nunca se encontró con el dragón, o que lo vio y luego negó haberlo visto. Asimismo, sólo aquel que se ha arriesgado a luchar con el dragón y no es vencido, consigue el tesoro escondido, el “tesoro difícil de obtener”. Sólo él tiene el verdadero derecho a la confianza en sí mismo, pues ha enfrentado el fondo oscuro de su ser y ha ganado».
Esto dice Jung, y yo coincido en que las batallas contra los dragones son muy difíciles de librar, y en que hay dragones muy difíciles de vencer. Pero también digo que además del punto de vista de Jung, cabe otro, no opuesto a él, sino complementario, que me parece muy pertinente para esta época nuestra que ha llevado hasta las últimas consecuencias el combate contra la Tierra-Madre que Apolo inició. En este otro punto de vista, la cuestión no es cómo vencer al dragón para arrebatarle el tesoro, sino cómo reconciliarse con el dragón para comprender que el tesoro siempre fue nuestro. (Evidentemente, nadie podrá reconciliarse con estos dragones si no ha vencido antes a algunos de los dragones de Jung.) © Antón Rodicio 2011.
[Las imágenes de esta entrada provienen, respectivamente, de:
http://preamp.us/galaxy09/wp-content/uploads/2011/01/Paolo_Uccello_047b.jpeg
http://www.zaleuco.it/pittura/sanzio/05930550.jpg
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miércoles, 4 de mayo de 2011
Leda y el cisne
Las relaciones sexuales de una mujer con el espíritu de Dios en forma de paloma u otra ave no es algo privativo del cristianismo. En la mitología griega ese fue también uno de los disfraces que utilizó Zeus para tener acceso a una mortal. Leda se secaba al sol después de haberse bañado en el río Eurotas cuando se acercó a ella un hermoso cisne fingiendo ser perseguido por un águila. Lo vio tan frágil, tan inocente y tan desvalido, que no dudó en permitirle que se refugiase en su regazo. Nada sabía Leda de lo suaves que pueden llegar a ser las plumas de los cisnes. Ni sospechaba las caricias que pueden llegar a proporcionar. Ni se imaginaba lo fácil que puede resultar abandonarse a las situaciones más insólitas cuando se están siguiendo, sin saberlo, los designios de la divinidad. Totalmente entregada, consintió, al igual que María, que el blanco animal hiciese en ella según sus deseos. Y el resultado no fue un supuesto mesías, sino dos huevos con dos crías cada uno. Aunque en honor a la verdad hay que decir que no todo fue obra de Zeus, pues Tindáreo, el esposo mortal de Leda, no estuvo tan inactivo como José, y dos de los cuatro retoños le correspondían a él.
La travesura olímpica tuvo prolongadas consecuencias en el arte. Jacobo Ripanda hacia 1505,

Leonardo da Vinci entre 1515 y 1520,

Miguel Ángel en 1530,

Correggio hacia 1531,

Bartolomeo Ammanati hacia 1550,

Boucher en 1742,

Auguste Clésinger en 1864,

Jules Roulleau en 1890,

Nikolai Kalmakov en 1917,

Paul Mathias Papua en 1938,

Dalí en 1949,

o Igor Zeinalov en la actualidad,
son sólo algunos de los artistas que desde el Renacimiento hasta hoy se han ocupado del tema. © Antón Rodicio 2011.
[Las imágenes de esta entrada provienen, respectivamente, de:
http://www.historia-del-arte-erotico.com/1528/jacopo%20ripanda%20-%20grabado%20de%20marcantoo%201500-5.jpg
http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Leda_and_the_Swan_1510-1515.jpg
http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Leda.jpg
http://en.wikipedia.org/wiki/File:Correggio_Leda.jpg]
http://corvus.freeshell.org/corvus_corax/two/art/leda/Leda_with_the_Swan_by_Bartolomeo_AMMANATI_marbe_Museo_Nazionale_del_Bargello_Florence.jpg
http://www.settemuse.it/pittori_scultori_europei/boucher/francois_boucher_014_leda_e_il_cigno.jpg
http://www.esacademic.com/pictures/eswiki/77/Musée_Picardie_Beaux-arts_08.jpg
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/6/67/Léda_et_le_Cygne_Amiens_FRA_001.jpg
http://art.vniz.net/kalmakov/Kalmakov-Leda_and_the_Swan-1917.jpg.shtml
http://www.mynameispeter.info/post/237218158/wickedknickers-lacontessa-leda-und-der
http://en.wikipedia.org/wiki/File:Leda_atomica.jpg
http://www.zeinalov.com/htm/e/erotic/leda_01.htm]
La travesura olímpica tuvo prolongadas consecuencias en el arte. Jacobo Ripanda hacia 1505,

Leonardo da Vinci entre 1515 y 1520,

Miguel Ángel en 1530,

Correggio hacia 1531,

Bartolomeo Ammanati hacia 1550,

Boucher en 1742,

Auguste Clésinger en 1864,

Jules Roulleau en 1890,

Nikolai Kalmakov en 1917,

Paul Mathias Papua en 1938,

Dalí en 1949,

o Igor Zeinalov en la actualidad,
son sólo algunos de los artistas que desde el Renacimiento hasta hoy se han ocupado del tema. © Antón Rodicio 2011.[Las imágenes de esta entrada provienen, respectivamente, de:
http://www.historia-del-arte-erotico.com/1528/jacopo%20ripanda%20-%20grabado%20de%20marcantoo%201500-5.jpg
http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Leda_and_the_Swan_1510-1515.jpg
http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Leda.jpg
http://en.wikipedia.org/wiki/File:Correggio_Leda.jpg]
http://corvus.freeshell.org/corvus_corax/two/art/leda/Leda_with_the_Swan_by_Bartolomeo_AMMANATI_marbe_Museo_Nazionale_del_Bargello_Florence.jpg
http://www.settemuse.it/pittori_scultori_europei/boucher/francois_boucher_014_leda_e_il_cigno.jpg
http://www.esacademic.com/pictures/eswiki/77/Musée_Picardie_Beaux-arts_08.jpg
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/6/67/Léda_et_le_Cygne_Amiens_FRA_001.jpg
http://art.vniz.net/kalmakov/Kalmakov-Leda_and_the_Swan-1917.jpg.shtml
http://www.mynameispeter.info/post/237218158/wickedknickers-lacontessa-leda-und-der
http://en.wikipedia.org/wiki/File:Leda_atomica.jpg
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