Entrar al exterior conlleva una gran responsabilidad. Nunca se debería hacer sin un buen conocimiento del interior. © Antón Rodicio 2024
sábado, 9 de noviembre de 2024
De rebaños y pastores
En toda persona hay una intensa pulsión hacia el autoconocimiento. Tan intensa que no creo desacertado decir que la finalidad (pocas veces lograda) de la vida humana sobre este planeta, sea, junto con la de ayudar a los demás, la de adquirir conocimiento, y sobre todo, conocimiento de uno mismo. Pero al autoconocimiento sólo se llega por el camino del sufrimiento (interior) y de la comprensión del sufrimiento. Y por ello, quién más, quién menos, trata de escapar de él. No estamos dispuestos a soportarnos a nosotros mismos y hacemos lo posible porque nos soporten los demás. Buena parte de los políticos y la práctica totalidad de los gurúes y líderes espirituales, están en esta situación (en ellos es en quienes más se nota). Quien no tiene la entereza, la inteligencia y la determinación de soportarse a sí mismo, se busca un rebaño, un grupo de seguidores (acríticos) que le ayude a sobrellevarse. Cuanto mayor es el rebaño, más fuerte es el muro protector contra las dudas, y mayor el desorden que se crea en el mundo. © Antón Rodicio 2024
lunes, 26 de agosto de 2024
Traduciendo a Leopardi
Como ninguna de las traducciones que encontré del famoso poema de Leopardi “El infinito” me parecieron lo suficientemente rítmicas (característica que, junto con el contenido, es para mí primordial en la poesía) me animé a hacer yo una. Creo haber respetado prácticamente verso a verso el contenido hasta el penúltimo de ellos. El último es más libre, pero no me parece que haya traicionado su sentido.
Mi limitado conocimiento del idioma original (italiano) no ha sido un hándicap excesivamente grande gracias a que tuve a mi disposición el artículo “L’infinito de Leopardi: evolución histórica de su traducción al castellano”, de Pedro Luis Ladrón de Guevara Mellado, el cual me resolvió todas las dudas en lo referente al sentido de cada palabra, cada expresión y cada verso.
Copio a continuación la traducción, seguida del original italiano. © Antón Rodicio 2024
miércoles, 21 de agosto de 2024
“Farewell”, video en el pabellón de Alemania de la Bienal de Venecia 2024
En el pabellón de Alemania de la Bienal de Venecia de este año se expone, entre otras obras, un video de la artista israelí Yael Bartana titulado “Farewell” (“Despedida”, “Adiós”). Las imágenes y el sonido de ese video, allí en directo, me parecieron sublimes, y fue lo que más me impactó de lo que vi en la Bienal.
Lo que acompaña a estas letras es una grabación de un fragmento del video; grabación que tuvo sus complicaciones, porque fue a contraluz y porque hube de moverme frecuentemente mientras la realizaba, para evitar los visitantes del pabellón que pasaban por delante de la pantalla de proyección.
Contrariamente a las imágenes y el sonido del video, su contenido (es decir, lo que el video trata de contar) no tiene para mí ningún interés. De hecho, este es quizás el mejor ejemplo que conozco de una obra en la cual el "objeto” es muy superior al "concepto”.
Dicho en pocas palabras, el video muestra la despedida de la Tierra de un grupo indeterminado de seres humanos, que van a entrar en la «nave espacial generacional» que ahí se ve, para emprender un viaje con rumbo y duración también indeterminados –pero de siglos o de milenios, hacia «las galaxias»–, a fin de darle un respiro al planeta y que éste pueda intentar recomponerse sin que nosotros le estorbemos. Es decir, dada la situación ecológica próxima al colapso en la que el planeta se encuentra actualmente, y dado que si los humanos seguimos aquí, acabaremos destruyéndolo en términos biológicos en no mucho tiempo, abandonémoslo ahora para que tenga alguna posibilidad de recuperación.
En fin, una propuesta de huida (no soy capaz de verlo de otro modo) como solución a los enormes problemas ecológicos a los que actualmente nos enfrentamos… © Antón Rodicio 2024
miércoles, 7 de agosto de 2024
El subsuelo veneciano
sábado, 16 de marzo de 2024
Todavía hay esperanza
sábado, 12 de agosto de 2023
A propósito de Dios
Decir que no hay Dios teniendo en la cabeza al Dios del que hablan las religiones (todas las religiones) es muy fácil: un Dios que va contra la lógica, es obvio que no puede existir: omnipotente y bueno es trivialmente incompatible con la existencia del mal (dolor, sufrimiento) en el mundo, cosa esta última que no admite duda.
Desechar a un Dios al que se identifica con las bestialidades cometidas a lo largo de la historia por quienes decían (y siguen diciendo) hablar en su nombre, es muy fácil (y justifica sobradamente la visceralidad implícita o explícita que exhiben a veces quienes se dicen ateos).
Ahora bien, si dejamos de hablar de Dioses infantiles (¿puede acaso ser otra cosa algo de lo que se predica la omnipotencia?) y dejamos de lado a todas las religiones y empezamos a hablar de cosas serias, ¿cómo desechas al otro que siempre va contigo? ¿Cómo desechas al que pugna desde lo más profundo de ti por asomarse al mundo real? ¿Cómo desechas a lo que insufla fuego a las ecuaciones para conjurar, a partir del mundo matemático, el mundo material y todos los demás mundos?
¿Que debería usarse otra palabra? Puede ser, pero eso implicaría dejarle la “administración de Dios” a quienes siempre lo han administrado mal. © Antón Rodicio 2023

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