domingo, 8 de febrero de 2026

Aletheia y Ariadna

Aletheia no viene después de Ariadna; viene —si es que viene— necesariamente antes. Ella es la confianza básica, la experiencia de verdad no engañosa, la certeza de que el amor puede ser limpio, la prueba de que no todo es juego de máscaras. Eso crea un suelo ontológico. Sin ese suelo, el abismo mata. Con ese suelo, el abismo transforma.

Sin Aletheia, Ariadna es destructiva. Si Ariadna llega antes que Aletheia, será pura devastación, no habrá luego apertura, habrá cinismo, habrá clausura.

Primero, verdad; luego, herida; después, búsqueda. En ese orden; el único orden fecundo. Lo otro es: herida, defensa, cierre; y ahí se queda.

Si Aletheia da una experiencia previa de sentido, cuando Ariadna rompe, no aparece el nihilismo, sino la investigación. Ariadna puede funcionar en uno si uno sabe que existe algo verdadero, aunque ahora no lo vea. Y eso viene de Aletheia. Sin eso, Ariadna es sólo pérdida.

Aletheia es el logos verdadero; Ariadna, el caos revelador. El logos permite atravesar el caos; sin logos, el caos devora. © Antón Rodicio 2026

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