martes, 23 de enero de 2018

Soy memoria y deseo

Pasan los siglos, se amontona el tiempo,
crece sin cesar el almacén de la memoria
de las cosas que fueron.
El tiempo es un río sin manantial
que fluye hacia el ingente depósito del ayer
desde el mañana.

¿Y qué soy yo?
Soy lo que he sido y el anhelo
de lo que quiero ser,
soy memoria y deseo,
soy tiempo.

El tiempo es memoria y el deseo es tiempo:
el tiempo de soportar lo que ahora soy con la esperanza
de llegar a no serlo en el mañana;
el tiempo de sobrellevar la tiranía del ogro que me abrasa,
persiguiendo con empeño vehemente un suceso futuro que lo /sacie.
Pero tal esperanza es vana:
si nada del pasado lo sació,
¿por qué habría de saciarlo cosa alguna del porvenir?

El mañana no será distinto del ayer si no ocurre algo en el hoy:
no será distinto si algo no acontece en el ahora que me cambie.

Pero en este ahora intrascendente, en este instante
diminuto y alocado,
nada ocurre que no sea
la carrera veloz del futuro hacia el pasado.
© Antón Rodicio 2017. 

martes, 2 de enero de 2018

"De los días de la oculta alquimia"


Mi poemario "De los días de la oculta alquimia" ya está publicado y a la venta. Lo edita La Fragua del Trovador, y una forma fácil de comprarlo es a través de la página web de la editorial.

Copio a continuación la Nota del Autor que a modo de Prólogo o de Prefacio lleva el poemario (por ser norma de la editorial para la colección a la que pertenece):

«Un día del verano de 1966, Juan Eduardo Cirlot vio en un cine de Barcelona salir de las aguas de un pantano a una muchacha celta del año mil, llamada Bronwyn. Unos meses más tarde, vio en otra película (la versión rusa de “Hamlet”) a Ofelia muerta entre dos aguas, y de repente se acordó de Bronwyn, que salía «de las mismas aguas y con las mismas flores». El impacto de la conjunción de las dos imágenes le produjo una conmoción interior que le llevó a dedicar a Bronwyn, «la que renace de las aguas», nada menos que dieciséis libros de poemas y varios artículos en los cinco años siguientes. En la imaginación de Cirlot, Bronwyn sale del agua para hacer con su señor feudal lo que Hamlet hizo con Ofelia: mientras que Ofelia, rechazada por Hamlet, enloquece y se ahoga en las aguas de un río, Bronwyn sale de esas mismas aguas para que el señor feudal se enamore de ella y acabe perdiendo por ese motivo su feudo y su vida. Y dice Cirlot, conmovido, que ante la visión de Bronwyn emergiendo del pantano, «sintió que era Ofelia que volvía, y él hubiera querido ser Hamlet para pedirle perdón».

»Algo de alguna manera parecido sentí yo al leer las cartas de Mariana Alcoforado (1640-1723), “la monja portuguesa”, a las cuales llegué en diciembre de 2015 desde el libro de Mauricio Wiesenthal “Rainer Maria Rilke. El vidente y lo oculto”. En esas cartas, la monja expresa el desgarro interior producido por el amor no correspondido hacia el conde Chamilly, capitán de la caballería francesa que la sedujo y después la abandonó. Impresionado por ese amor, tan profundo en Mariana y tan superficial, o acaso totalmente inexistente en Chamilly, para quien el episodio no fue más que una aventura pasajera, brotó en mi mente la idea de algo así como un acto de desagravio. Acto que consistiría en escribir un poemario sobre el tema del amor intransitivo, esto es, el amor no correspondido, en donde el protagonista, es decir, el abandonado —y por tanto el que sufriese—, fuese un hombre.

»Dispuesto a poner en ejecución mi propósito y habiendo leído alguna vez (o eso creo recordar), quizás en algún escrito de Borges, que para alumbrar la “Eneida”, Virgilio empezó redactando una obra en prosa que después versificó, imaginé las líneas generales de una historia y las escribí en borrador, procurando no entrar por el momento en demasiados detalles para no correr el riesgo de hacer prisioneros el ritmo y la sonoridad de los futuros versos de las prosaicas frases que ahora salían apresuradamente de mi pluma. Esa historia que imaginé corresponde aproximadamente a las dos primeras partes del poemario, siendo éstas las formadas por los poemas del I al X y los poemas del XI al XX, respectivamente. Tan pronto la escribí en prosa, empecé con los versos, y como lo que estaba leyendo en aquellos momentos era, además del libro de Wiesenthal, el de Andrea Aromático “Alquimia, el secreto entre la ciencia y la filosofía”, hay en los poemas de estas dos partes mucho simbolismo alquímico y no pocas cosas inspiradas en la biografía de Rilke y en la forma en que Wiesenthal la cuenta, respectivamente.

»Pero como bien sabe todo creador, las obras no son como empiezan, sino como acaban. Y dejando a un lado la cuestión, evidentemente secundaria, de hasta dónde se habrán mantenido fieles esas dos partes al pretendido acto de desagravio que constituyó la motivación inicial del poemario, el hecho fue que el libro acabó teniendo además una tercera parte, la cual abarca desde el poema XXI hasta el final, y cuyo contenido está más allá del de las cartas de Mariana. En esa parte aparece el tema del amor no correspondido como energía para la trascendencia, y en su escritura me fueron útiles las “Elegías de Duino” y la vertiente esotérica del mundo de Dante y los poetas del “dolce stil nuovo” mencionada por Elémire Zolla en su libro “La amante invisible”.

»Señalemos además que las cuatro referencias indicadas: simbolismo alquímico, libro de Wiesenthal, libro de Zolla y ”Elegías de Duino”, no agotan el campo de alusiones del poemario. Hay varias más a las esferas de la psicología, la historia de las religiones, la pintura o la filosofía, entre otras. Así, por ejemplo, no sólo el poema VII alude a un famoso grabado de Durero (“Melancolía”), sino que también el XXII alude a otro: “El caballero, la muerte y el diablo”, y el XXVIII se puede relacionar con el cuadro de Arnold Böcklin “La isla de los muertos”.

»Y ya para terminar, digamos unas palabras sobre la dedicatoria. De lo que llevo dicho se puede comprender por qué el poemario está dedicado a la memoria de Rilke. El hecho de que también lo esté a la de Carlos Oroza no tiene nada que ver con el fondo, el contenido o los temas de los poemas, sino con la influencia que pueda haber en la forma, y más concretamente en el ritmo. Dice Stendhal que él nunca se ponía a escribir antes de leer una página del Código Napoleónico; le era útil como modelo de claridad expresiva. Pues bien, en mi caso ocurrió algo parecido con Oroza y el ritmo. Cada vez que intentaba poner mi mente en situación de que a ella afluyeran los versos, siempre de modo peripatético y con una libreta de notas encima, su libro "Évame" iba también conmigo, y con frecuencia el proceso comenzaba abriéndolo por una pagina al azar y sumergiéndome en ella sin intentar entender nada, sólo dejándome atrapar por el ritmo, hasta que de pronto comenzaba el flujo de mis propios versos y ya cerraba el libro de Oroza y tomaba la libreta de notas».

domingo, 5 de noviembre de 2017

Sir Gawain y Lady Ragnell

La leyenda de Sir Gawain y Lady Ragnell es una de las múltiples historias del universo artúrico que han llegado hasta nosotros, y es sorprendentemente avanzada a su época por la independencia que defiende para las mujeres.
Gawain, sobrino del Rey Arturo estaba con éste y otros caballeros. El rey había vuelto muy turbado de una cacería, y el joven le preguntó qué le había pasado. Estando solo en el bosque, Arturo había sido acosado por un caballero llamado sir Grome, y para salvar su vida tuvo que prometer que acudiría al cabo de un año respondiendo correctamente a la pregunta: “¿Qué es lo que las mujeres desean por encima de todo?”. De no dar con la respuesta acertada, el caballero tendría derecho sobre la vida del rey.
Gawain y los caballeros aseguraron al rey que en ese plazo darían con la respuesta correcta. Durante los siguientes doce meses recorrieron los confines del reino formulando la pregunta a todo tipo de mujeres y anotando las respuestas en un grueso libro. Unas mujeres hablaban de amor verdadero; otras, de hijos; algunas, de riquezas, pero ninguna de las respuestas obtenidas les parecía satisfactoria, así que a medida que la fecha se acercaba, Arturo empezó a desesperar.
Un día salió a cabalgar por el bosque y se topó con una mujer enorme y de un aspecto monstruoso. Asustado, quiso azuzar a su caballo y escapar, pero la mujer le detuvo diciéndole que tenía la respuesta que buscaba y que se la revelaría si él accedía a compensarla. “Soy Lady Ragnell, la hermanastra de sir Gromer, y quiero casarme con uno de tus caballeros: Sir Gawain, pero él tiene que hacerlo por su propia voluntad”.
Arturo se horrorizó con la propuesta, y de regresó al castillo le contó a regañadientes a su sobrino lo que le había sucedido. Éste respondió al instante que se casaría con Lady Ragnell, aunque fuese un demonio, si con eso conseguía salvar la vida del rey. Arturo pudo dar así la respuesta correcta a Sir Gromer: “Lo que las mujeres desean por encima de todo es soberanía sobre sí mismas, ser capaces de decidir”, y a éste no le quedó más remedio que dejarlo libre.
Gawain desposó a la horrible mujer, y la noche de bodas ésta le pidió un beso. Gawain, haciendo acopio de valor, se lo dio, y en el acto, la monstruosa mujer quedó convertida en una bella joven entre sus brazos. Lady Ragnell le dijo que era víctima de un encantamiento de su hermanastro, que la odiaba por desafiarle y no sometérsele. “He tenido que esperar a que un caballero accediese a casarse conmigo por propia voluntad para recobrar mi forma, pero sólo puedo mantenerla la mitad del tiempo, así que ahora tengo que darte a elegir: ¿Prefieres que tenga mi forma monstruosa de noche o de día?”.
Después de pensarlo un momento, Gawain se inclinó ante ella y le dijo que era una decisión que a él no le correspondía tomar, y que aceptaría gustoso lo que ella decidiera. Ragnell sonrío radiante, la respuesta había roto por completo el maleficio, ya que para ello no solo la boda era necesaria, sino también que el esposo le concediera el derecho de ejercer su propia libertad. © Antón Rodicio 2017. 

Wagner y su musa

En mayo de 1853, coincidiendo con su cuarenta cumpleaños, Richard Wagner dirige un concierto en Zurich en el que interpreta fragmentos de algunas de sus obras. Al final, la sala estalla en aclamaciones, y él escribe a su amigo Franz Liszt diciéndole que había puesto toda la fiesta a los pies de una bella mujer. Esa mujer es Mathilde Wesendonck, la esposa de su mecenas Otto Wesendonck, un acaudalado y refinado comerciante de sedas alemán.

Hace nada menos que cinco años que Wagner no compone una sola nota, y de repente la cosa cambia. Mathilde se convierte en su musa y él abandona bruscamente su desierto musical, y en los siete u ocho años siguiente, inspirado por ella, lleva a cabo lo esencial de su obra: El oro del Rhin, La Walkiria, Sigfrido, y sobre todo Tristán e Isolda, una obra de arte excepcional, en la que buscando la forma de expresar el obsesivo y ansioso amor de Tristán e Isolda, es decir, de Richard y Mathilde, Wagner crea una revolucionaria síntesis de sonido que rompe con todo lo establecido en cuestiones de armonía y tonalidad, y marca el inicio de la música moderna.

Finalmente, Minna Planer, la esposa de Wagner, intercepta una de sus cartas de amor a Mathilde y pone la situación patas arriba, y al no querer Mathilde separarse de su marido, los amantes acaban alejándose.

Posteriormente, Wagner se casaría con Cosima Liszt, hija de Franz Liszt y veinticuatro años más joven que él. Y Mathilde escribió, años después, algunas obras de teatro de menor interés literario que autobiográfico, en las que aparece siempre el mismo tipo de mujer: una mujer descontenta, solitaria, incomprendida, desgarrada entre la pasión amorosa y el deber; una mujer que se entrega al supremo sacrificio de renunciar al amor imposible con el fin de cumplir con su destino de esposa y madre. Y también escribió algunos cuentos, y en uno de ellos describe claramente su tentación de dejarlo todo por Wagner y la verdadera razón de su renuncia. Esa razón (suponiendo que el cuento sea en ese punto expresión de sus verdaderos sentimientos, y no una autojustificación) fue la compasión por los suyos. © Antón Rodicio 2017. 

Arte y locura

Hay una estrecha relación entre arte y locura. Es esta: el arte todo lo cura. © Antón Rodicio 2017. 

martes, 4 de julio de 2017

De la ausencia de caminos

Si hay un camino, es el camino de otro, y por tanto no sirve para ti. © Antón Rodicio 2017. 

martes, 13 de junio de 2017

Imaginación y razón

La razón no crea; simplemente comprueba si se ajusta, si puede tener cabida o si es capaz de ampliar la realidad lo que la imaginación imagina. © Antón Rodicio 2017.