sábado, 1 de febrero de 2020

Construcciones para pensar

Carl Jung no tuvo, como Wittgenstein, Virginia Wolf o Bernard Shaw una “cabaña para pensar”, esto es, una pequeña construcción con cuatro paredes y tejado, apartada del mundanal ruido, a la que retirarse periódicamente para producir desde allí su obra. No, lo de Jung fue un pequeño castillo con cuatro torres, en Bollingen (Suiza), a orillas del lago de Zurich. Empezó con una sola torre de dos pisos, pero posteriormente fue añadiendo paulatinamente tres edificios laterales a la zona central. No había luz eléctrica, el agua había que extraerla manualmente de un pozo y la calefacción era a base de quemar leña en la chimenea, leña que el propio Jung, que vivía allí varios meses al año, se encargaba de cortar. Al igual que a los pensadores de las cabañas, también a Jung le fue esta construcción de vital importancia para su obra, logrando en ella gran parte de su escritura, pintura y escultura. Y en este caso tuvo adicionalmente la función de ser el lugar de encuentro y estancia con sus amantes, en particular con la más duradera de ellas: Toni Wolf. © Antón Rodicio 2020.

martes, 3 de diciembre de 2019

A propósito de Bergotte

Acerquémonos al liencito de pared amarillo del cuadro de Vermeer “Vista de Delft” frente al cual murió el escritor Bergotte en el tomo quinto de la novela de Marcel Proust “En busca del tiempo perdido”.

Bergotte, convaleciente de un ataque de uremia para el que los médicos le han recomendado reposo, lee en el periódico el elogio de un crítico de arte a un fragmento de pared amarilla extraordinariamente pintado que aparece en el cuadro, y decide ir a verlo. Aunque cree conocer bien la pintura, no recuerda ese fragmento. Acude, pues, al museo y descubre asombrado el detalle inadvertido mencionado por el crítico. Mirándolo absorto, piensa que sus últimos libros son demasiado secos, y que debiera haberles dado varias capas de color hasta conseguir que sus frases fuesen preciosas en sí mismas, como ese liencito de pared amarillo. Eso es casi lo último que piensa. La uremia actúa produciéndole mareos y haciendo que se desplome sobre un canapé circular, y poco después una nueva embestida lo hace rodar del canapé al suelo, muerto. Y es entonces cuando el narrador de Proust se pregunta si está muerto para siempre, y se responde que eso no se puede saber, pero que las experiencias espiritistas no aportan prueba alguna de que el alma subsista, y los dogmas religiosos, tampoco.

En que los dogmas religiosos no aportan ninguna prueba, no es necesario insistir. Pero ¿se puede decir lo mismo de las experiencias espiritistas?

Veamos.

En las sesiones espiritistas, los «espíritus» se comunican desde el más allá a través de médiums, los cuales, mediante el habla, la escritura automática o de alguna otra manera, son capaces de transmitir las respuestas a las preguntas que una persona viva le hace al espíritu de otra ya muerta. En ocasiones la pregunta hecha y respondida es de tal naturaleza que sólo el vivo que la hace y el muerto al que se la formula conocen la respuesta, lo cual reduce drásticamente las posibilidades de fraude.

Hay una anécdota famosa y bien documentada protagonizada por Emmanuel Swedenborg, el místico y escritor sueco cuyas obras entusiasmaron a Borges, y por la reina de Suecia Luisa Ulrica. Swedenborg afirmaba que se comunicaba regularmente con personas muertas, y la reina le dijo un día en tono irónico que si hablaba alguna vez con el hermano de ella, que ya estaba muerto, lo saludara de su parte. Swedenborg no respondió al sarcasmo, pero una semana más tarde se acercó a la reina y le susurró unas palabras al oído. La reina se quedó lívida, y dijo a los presentes que nadie más que Dios y su hermano sabían lo que el místico acababa de decirle.

Otro ejemplo famoso tiene como protagonista a Arthur Conan Doyle. Escéptico durante gran parte de su vida, Doyle tuvo a los cincuenta años una experiencia que le convirtió en adepto al espiritismo. Ocurrió durante la Primera Guerra Mundial. Él y su esposa habían ido a visitar a una amiga enferma llamada Lily Loder-Simonds, la cual practicaba la escritura automática. Los Doyle estaban firmemente convencidos de que se trataba de una simple manifestación de la mente inconsciente de Lily, pero empezaron a dudar cuando Lily escribió el siguiente mensaje: «Es terrible y tendrá una poderosa influencia sobre la guerra». Ese mismo día un submarino alemán hundió el paquebote Lusitania, lo cual fue determinante para que Estados Unidos entrase en la guerra. Pero lo más interesante vino poco después. Doyle se encontraba un día sentado junto a Lily observando como garabateaba una hoja de papel, cuando de pronto reconoció, fascinado, la letra de su cuñado Malcolm Leckie, muerto ocho meses antes en la guerra. Entonces Doyle comenzó a hacer preguntas que «Leckie» iba respondiendo por mano de Lily. Cuando Doyle le preguntó sobre una conversación que habían sostenido en privado y que nadie más conocía, «Leckie» respondió con tal exactitud que Doyle no tuvo más remedio que reconocer que, de algún modo, Leckie seguía estando «vivo».

Hay, sin embargo, una objeción que se puede poner a que esas experiencias prueben realmente que la existencia continúa después de la muerte biológica: ¿cómo estar seguros de que la información que transmiten los médiums durante las sesiones espiritistas no proviene de la lectura telepática inconsciente de las mentes de los presentes en la sesión, en lugar de ser enviada por algún «espíritu» desde el más allá? Pero esta objeción fue superada hace ya más de cien años. El experimento mediante el que se superó se conoce con el nombre de Correspondencias Cruzadas, y está asociado al nombre de Frederic Myers, profesor en Cambridge y uno de los fundadores de la Society for Psychical Research.

Antes de su muerte, ocurrida en 1901, Myers declaró que la manera más convincente de demostrar la realidad de la vida después de la muerte sería que un «espíritu» enviara diferentes fragmentos del mismo mensaje a distintos mediums en diferentes partes del mundo, de modo que cada mensaje por sí solo careciese de sentido, pero que al ser unidos apareciese el significado. Y así se hizo. Poco después de la muerte de Myers, más de una docena de médiums en diferentes países comenzaron a recibir una serie de notas incompletas a través de escritura automática de alguien que afirmaba ser Myers. Las notas versaban sobre temas de literatura clásica (especialidad de Myers en vida) y no tenían sentido por sí mismas. Pero cuando a los médiums se les transmitió la información de que las enviasen a una determinada dirección central y los fragmentos fueron ensamblados, encajaron como las piezas de un rompecabezas. Posteriormente se recibieron también notas de otros dirigentes de la Society for Psychical Research que fallecieron y se incorporaron al experimento. Más de tres mil notas fueron trasmitidas en total a lo largo de treinta años, algunas de ellas de más de cuarenta páginas escritas a máquina, con las que se llenaron en total veinticuatro volúmenes y doce mil páginas.

Estos ejemplos, y otros muchos que podrían añadirse, muestran que el narrador de Proust actúa muy a la ligera al afirmar que las experiencias espiritistas no aportan prueba alguna de que la existencia no finaliza con la muerte del cuerpo.

Pero no nos detengamos en hacerle reproches al laborioso, prolijo y, en este punto, descuidado narrador de “En busca del tiempo perdido”, ni nos limitemos a las experiencias espiritistas, porque el espiritismo no es, ni mucho menos, la única fuente de evidencia de que el final del cuerpo no es nuestro final, ni el de nuestra consciencia ni el de nuestra memoria.

(…)

© Antón Rodicio 2019.

jueves, 24 de octubre de 2019

Sobre Freud y su mandíbula

Retrato al carbón de Freud realizado por Salvador Dalí en julio de 1938, después de visitarlo en su casa de Londres, donde ya se había exiliado.

Freud padecía desde hacía quince años un cáncer de mandíbula que lo llevaría a la tumba un año después, en septiembre de 1939.

Esa enfermedad cancerosa estuvo siempre bajó un tabú que ninguno de los biógrafos de Freud se atrevió a tocar hasta 2001, año en que Jürg Kollbrunner le dedicó su libro “Freud enfermo” (libro que junto con el de Louis Breger “Freud, el genio y sus sombras”, es el mejor que yo he leído sobre Freud).

Kollbrunner establece un nexo entre el cáncer, que siempre se había atribuido a un fuerte consumo de tabaco, y la ausencia de auténticas relaciones emocionales en la vida del padre del psicoanálisis. Ese dedo de Freud señalando en el dibujo de Dalí hacia la mejilla cancerosa, estaría inconscientemente diciendo, según Kollbrunner: «¡Ved lo que sucede cuando se va por el camino de la represión de todas las pasiones!».
© Antón Rodicio 2019.

martes, 24 de septiembre de 2019

La Sibila de Cumas

En el extremo noroeste de la bahía de Nápoles se alzan frente al Mar Tirreno las ruinas de Cumas, el primer asentamiento griego establecido en Italia, allá por el año 750 antes de nuestra era. En lo alto de una colina de origen volcánico están los restos de la acrópolis, cuyo punto más elevado era el templo de Júpiter, antiguo enclave referencial para los navegantes. Más abajo se encuentran los restos del templo de Apolo. Y aún más abajo, la entrada del antro de la Sibila: una galería de ciento treinta metros de longitud, dos y medio de anchura y cinco de altura, excavada en la roca, que desemboca en una sala abovedada en la cual la sacerdotisa pronunciaba los oráculos.
Mujeres capaces de predecir el futuro aparecen en las tradiciones de muchos pueblos, pero pocas gozaron en la antigüedad de tanta fama como esta. Cuenta Ovidio en "Las Metamorfosis" que siendo joven y hermosa, Apolo, con el fin de conseguir sus favores, le ofreció cualquier cosa que desease. Ella, señalándole la playa, le pidió vivir tantos años cuantos granos de arena allí hubiese. El dios se lo concedió. Pero ni eso fue suficiente para que ella se mostrase dispuesta a entregarle su virginidad. Apolo entonces se enfureció y le dijo que había pedido y obtenido alargar el tiempo de su vida, pero no el de su juventud. Viviría, pues, por siglos, pero conocería como los demás mortales la vejez y la decrepitud, de modo que su cuerpo, ahora bello y lozano, se iría arrugando y encogiendo hasta quedar convertido en una piltrafa.
Tiempo después, ya anciana, según relata Virgilio en el libro sexto de la "Eneida", guió a Eneas al inframundo para que allí le fuesen mostradas las generaciones de ilustres romanos que constituirían su posteridad. Y mucho más tarde, refiere Petronio en el "Satiricón", estaba ya tan vieja y su cuerpo se había encogido de tal modo, que habían tenido que meterla, a fin de que no se perdiera, dentro de una pequeña redoma, y cuando los niños se le acercaban jugando y le preguntaban: «Sibila, ¿qué quieres?», su única respuesta era: «¡Quiero morir!, ¡quiero morir!». © Antón Rodicio 2019.

sábado, 21 de septiembre de 2019

Galicia siempre


Mi libro de fotografías de Galicia “Galicia Siempre” ya está en las librerías.
Se trata de un homenaje a Galicia. Un homenaje construido sobre la base de un peregrinaje de 25.000 kilómetros en 65 salidas fotográficas por todo su territorio: por la Galicia natural y rural, por la Galicia de los grandes núcleos de población, por la Galicia de los grandes paisajes de la costa y del interior, por la Galicia de los monumentos y vestigios históricos alejados de las grandes vías de comunicación…
Un gran peregrinaje para conseguir las más de 200 fotos entre las que fueron elegidas las 128 que contiene el libro. (Hubo sitios a los que fui hasta doce veces, en busca de la luz que permitiese captarlos en toda su espectacularidad y toda su belleza).
Y además de fotos, el libro tiene textos relacionados con ellas. Textos que contienen pinceladas sobre la historia de los monumentos y lugares representados en las imágenes, noticias sobre sucesos que en esos lugares ocurrieron, notas sobre la vida de personajes relevantes con ellos relacionados, información sobre los sitios desde donde están tomadas las fotos y la forma de llegar hasta ellos… Textos que están muy en la línea de lo que fueron mis colaboraciones de los 10 meses de la pasada temporada en la Radio Galega (septiembre de 2018 a julio de 2019). Muchos de los textos del libro sirvieron de base a guiones de la radio, y algunos de los guiones acabaron formando parte de textos del libro.
Datos del libro:
Título: “Galicia Siempre”
Editorial: Hércules de Ediciones
Número de fotografías: 128 (todas a doble página: 44x30 cm)
Número de páginas: 392
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
Peso: 3 kilos (el peso es importante, porque habla de la calidad del papel en el que están impresas las fotos)

Hay más información sobre él en la página web de la editorial, donde también se puede comprar.