martes, 4 de julio de 2017

De la ausencia de caminos

Si hay un camino, es el camino de otro, y por tanto no sirve para ti. © Antón Rodicio 2017. 

viernes, 30 de junio de 2017

Sir Gawain y Lady Ragnell

La leyenda de Sir Gawain y Lady Ragnell es una de las múltiples historias del universo artúrico que han llegado hasta nosotros, y es sorprendentemente avanzada a su época por la independencia que defiende para las mujeres.
Gawain, sobrino del Rey Arturo estaba con éste y otros caballeros. El rey había vuelto muy turbado de una cacería, y el joven le preguntó qué le había pasado. Estando solo en el bosque, Arturo había sido acosado por un caballero llamado sir Grome, y para salvar su vida tuvo que prometer que acudiría al cabo de un año respondiendo correctamente a la pregunta: “¿Qué es lo que las mujeres desean por encima de todo?”. De no dar con la respuesta acertada, el caballero tendría derecho sobre la vida del rey.
Gawain y los caballeros aseguraron al rey que en ese plazo darían con la respuesta correcta. Durante los siguientes doce meses recorrieron los confines del reino formulando la pregunta a todo tipo de mujeres y anotando las respuestas en un grueso libro. Unas mujeres hablaban de amor verdadero; otras, de hijos; algunas, de riquezas, pero ninguna de las respuestas obtenidas les parecía satisfactoria, así que a medida que la fecha se acercaba, Arturo empezó a desesperar.
Un día salió a cabalgar por el bosque y se topó con una mujer enorme y de un aspecto monstruoso. Asustado, quiso azuzar a su caballo y escapar, pero la mujer le detuvo diciéndole que tenía la respuesta que buscaba y que se la revelaría si él accedía a compensarla. “Soy Lady Ragnell, la hermanastra de sir Gromer, y quiero casarme con uno de tus caballeros: Sir Gawain, pero él tiene que hacerlo por su propia voluntad”.

Arturo se horrorizó con la propuesta, y de regresó al castillo le contó a regañadientes a su sobrino lo que le había sucedido. Éste respondió al instante que se casaría con Lady Ragnell, aunque fuese un demonio, si con eso conseguía salvar la vida del rey. Arturo pudo dar así la respuesta correcta a Sir Gromer: “Lo que las mujeres desean por encima de todo es soberanía sobre sí mismas, ser capaces de decidir”, y a éste no le quedó más remedio que dejarlo libre.
Gawain desposó a la horrible mujer, y la noche de bodas ésta le pidió un beso. Gawain, haciendo acopio de valor, se lo dio, y en el acto, la monstruosa mujer quedó convertida en una bella joven entre sus brazos. Lady Ragnell le dijo que era víctima de un encantamiento de su hermanastro, que la odiaba por desafiarle y no sometérsele. “He tenido que esperar a que un caballero accediese a casarse conmigo por propia voluntad para recobrar mi forma, pero sólo puedo mantenerla la mitad del tiempo, así que ahora tengo que darte a elegir: ¿Prefieres que tenga mi forma monstruosa de noche o de día?”.
Después de pensarlo un momento, Gawain se inclinó ante ella y le dijo que era una decisión que a él no le correspondía tomar, y que aceptaría gustoso lo que ella decidiera. Ragnell sonrío radiante, la respuesta había roto por completo el maleficio, ya que para ello no solo la boda era necesaria, sino también que el esposo le concediera el derecho de ejercer su propia libertad. © Antón Rodicio 2017. 

martes, 13 de junio de 2017

Wagner y su musa

En mayo de 1853, coincidiendo con su cuarenta cumpleaños, Richard Wagner dirige un concierto en Zurich en el que interpreta fragmentos de algunas de sus obras. Al final, la sala estalla en aclamaciones, y él escribe a su amigo Franz Liszt diciéndole que había puesto toda la fiesta a los pies de una bella mujer. Esa mujer es Mathilde Wesendonck, la esposa de su mecenas Otto Wesendonck, un acaudalado y refinado comerciante de sedas alemán.

Hace nada menos que cinco años que Wagner no compone una sola nota, y de repente la cosa cambia. Mathilde se convierte en su musa y él abandona bruscamente su desierto musical, y en los siete u ocho años siguiente, inspirado por ella, lleva a cabo lo esencial de su obra: El oro del Rhin, La Walkiria, Sigfrido, y sobre todo Tristán e Isolda, una obra de arte excepcional, en la que buscando la forma de expresar el obsesivo y ansioso amor de Tristán e Isolda, es decir, de Richard y Mathilde, Wagner crea una revolucionaria síntesis de sonido que rompe con todo lo establecido en cuestiones de armonía y tonalidad, y marca el inicio de la música moderna.

Finalmente, Minna Planer, la esposa de Wagner, intercepta una de sus cartas de amor a Mathilde y pone la situación patas arriba, y al no querer Mathilde separarse de su marido, los amantes acaban alejándose.

Posteriormente, Wagner se casaría con Cosima Liszt, hija de Franz Liszt y veinticuatro años más joven que él. Y Mathilde escribió, años después, algunas obras de teatro de menor interés literario que autobiográfico, en las que aparece siempre el mismo tipo de mujer: una mujer descontenta, solitaria, incomprendida, desgarrada entre la pasión amorosa y el deber; una mujer que se entrega al supremo sacrificio de renunciar al amor imposible con el fin de cumplir con su destino de esposa y madre. Y también escribió algunos cuentos, y en uno de ellos describe claramente su tentación de dejarlo todo por Wagner y la verdadera razón de su renuncia. Esa razón (suponiendo que el cuento sea en ese punto expresión de sus verdaderos sentimientos, y no una autojustificación) fue la compasión por los suyos. © Antón Rodicio 2017. 

Imaginación y razón

La razón no crea; simplemente comprueba si se ajusta, si puede tener cabida o si es capaz de ampliar la realidad lo que la imaginación imagina. © Antón Rodicio 2017. 

miércoles, 28 de septiembre de 2016

"Las ruinas de la búsqueda"


Mi poemario "Las ruinas de la búsqueda" ya está publicado y a la venta. Lo edita La Fragua del Trovador, y una forma fácil de comprarlo es a través de la página web de la editorial

jueves, 2 de junio de 2016

El tabú de la muerte

La muerte es el mayor de los tabúes del mundo actual, y la superación de ese tabú es la condición inicial e indispensable para que la vida adquiera profundidad. «La fuente de todas las miserias para el hombre no es la muerte, sino el miedo a la muerte», dice Epicteto. Y yo digo que para perderle el miedo a la muerte, hay que perderle antes el miedo a la vida. Cuando uno le ha perdido el temor a la vida, y es, por ello, capaz de vivir a fondo, sin esconderse detrás de parapetos como la prudencia, lo establecido, lo tradicional, lo políticamente correcto, lo siempre hecho y nunca cuestionado, la comodidad, la seguridad o el querer evitar a toda costa el sufrimiento, la vida acaba poniendo en su camino las situaciones que le hacen ver que la posibilidad de que la muerte fuese el final de la existencia, y que ese final estuviese, por tanto, completamente en nuestras manos sin ningún tipo de consecuencia negativa, sería, después de todo, una gran liberación.

De ese modo se supera el tabú. De ese modo uno ya ha ido, en realidad, más allá del Hamlet del «ser o no ser». Y es entonces cuando se le puede revelar el sentido, el significado y el propósito de la vida y la muerte en la totalidad de la existencia. © Antón Rodicio 2016.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Muerte y resurrección

La mayor fuente de vida es la muerte.

Cuando una etapa ha concluido y después de mucho tiempo sin querer aceptarlo la dejamos al fin marchar, cuando dejamos que muera, cuando consentimos en morir, cuando permitimos que se efectúe en nosotros la transformación regeneradora de la muerte, en ese momento es cuando la vida vuelve a brotar con toda su fuerza.

El cambio profundo, la superación de las etapas, el darse cuenta de que “eso” ya pasó…

La primavera no puede coexistir con el invierno.

¿Es la terminación del invierno lo que permite que la primavera comience, o es la llegada de la primavera lo que pone fin al invierno? Sencillamente, ocurren las dos cosas a la vez. © Antón Rodicio 2016.