sábado, 21 de mayo de 2011

Tesoros, dragones y doncellas

Las luchas contra dragones y otros grandes reptiles, principalmente serpientes, es un asunto de honda raigambre en la imaginación occidental.

En la mitología griega, por ejemplo, Apolo mató a la serpiente Pitón y se hizo así con el templo de Delfos, donde tenía su sede el oráculo de la Tierra-Madre.

El simbolismo cristiano ve al dragón y a la serpiente como personificación de lo diabólico, y en particular de Lucifer, al que el arcángel Miguel venció y arrojó a las profundidades del infierno (siendo esta razón por la que se asocia al dragón con el elemento fuego, y por la que se lo representa escupiendo fuego). La lucha con el dragón es, por tanto, la lucha contra el mal, y su representación es un tema de largo recorrido en la pintura occidental. Un cuadro casi surrealista pintado por Uccello hacia 1470, que se exhibe en la National Gallery de Londres;

una pequeña pero magnífica tabla realizada por Rafael en 1504, que se conserva en el Louvre,

y una exuberante pintura de Rubens en el Museo del Prado, ejecutada hacia 1506,

son algunos de los pasos más famosos de este recorrido. La imaginería de todos ellos se basa en una leyenda que se repite con ligeras variaciones en las tradiciones populares de diversos países, y que fue incluida por Jacobo de la Vorágine en su “Leyenda dorada” a mediados del siglo XIII.

En esta versión, los hechos ocurren en la Capadocia (Turquía). Un dragón ha hecho su guarida en la fuente que abastece a una ciudad, y los ciudadanos deben apartarlo diariamente de allí para coger agua. Lo consiguen mediante la ofrenda de una víctima humana que se elige al azar entre los habitantes. Un día la seleccionada es la hija del rey. Cuando está a punto de ser devorada por el dragón aparece San Jorge, oficial romano de Capadocia, que se enfrenta al dragón, lo mata y salva a la princesa. Los agradecidos ciudadanos abandonan entonces el paganismo y abrazan el cristianismo.

En la psicología junguiana, la doncella que el caballero debe salvar del dragón, simboliza el “ánima”, elemento femenino en la psique masculina (lo que Goethe llamó “el Eterno Femenino”), y el dragón es con frecuencia “la madre” (o para decirlo con más exactitud, el complejo materno).

Dice Jung: «En los mitos el héroe es aquel que vence al dragón, no el que es devorado por éste. (…) El héroe tampoco es aquel que nunca se encontró con el dragón, o que lo vio y luego negó haberlo visto. Asimismo, sólo aquel que se ha arriesgado a luchar con el dragón y no es vencido, consigue el tesoro escondido, el “tesoro difícil de obtener”. Sólo él tiene el verdadero derecho a la confianza en sí mismo, pues ha enfrentado el fondo oscuro de su ser y ha ganado».

Esto dice Jung, y yo coincido en que las batallas contra los dragones son muy difíciles de librar, y en que hay dragones muy difíciles de vencer. Pero también digo que además del punto de vista de Jung, cabe otro, no opuesto a él, sino complementario, que me parece muy pertinente para esta época nuestra que ha llevado hasta las últimas consecuencias el combate contra la Tierra-Madre que Apolo inició. En este otro punto de vista, la cuestión no es cómo vencer al dragón para arrebatarle el tesoro, sino cómo reconciliarse con el dragón para comprender que el tesoro siempre fue nuestro. (Evidentemente, nadie podrá reconciliarse con estos dragones si no ha vencido antes a algunos de los dragones de Jung.) © Antón Rodicio 2011.

[Las imágenes de esta entrada provienen, respectivamente, de:
http://preamp.us/galaxy09/wp-content/uploads/2011/01/Paolo_Uccello_047b.jpeg
http://www.zaleuco.it/pittura/sanzio/05930550.jpg
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miércoles, 4 de mayo de 2011

Leda y el cisne

Las relaciones sexuales de una mujer con el espíritu de Dios en forma de paloma u otra ave no es algo privativo del cristianismo. En la mitología griega ese fue también uno de los disfraces que utilizó Zeus para tener acceso a una mortal. Leda se secaba al sol después de haberse bañado en el río Eurotas cuando se acercó a ella un hermoso cisne fingiendo ser perseguido por un águila. Lo vio tan frágil, tan inocente y tan desvalido, que no dudó en permitirle que se refugiase en su regazo. Nada sabía Leda de lo suaves que pueden llegar a ser las plumas de los cisnes. Ni sospechaba las caricias que pueden llegar a proporcionar. Ni se imaginaba lo fácil que puede resultar abandonarse a las situaciones más insólitas cuando se están siguiendo, sin saberlo, los designios de la divinidad. Totalmente entregada, consintió, al igual que María, que el blanco animal hiciese en ella según sus deseos. Y el resultado no fue un supuesto mesías, sino dos huevos con dos crías cada uno. Aunque en honor a la verdad hay que decir que no todo fue obra de Zeus, pues Tindáreo, el esposo mortal de Leda, no estuvo tan inactivo como José, y dos de los cuatro retoños le correspondían a él.

La travesura olímpica tuvo prolongadas consecuencias en el arte. Jacobo Ripanda hacia 1505,

Leonardo da Vinci entre 1515 y 1520,

Miguel Ángel en 1530,

Correggio hacia 1531,

Bartolomeo Ammanati hacia 1550,

Boucher en 1742,

Auguste Clésinger en 1864,

Jules Roulleau en 1890,

Nikolai Kalmakov en 1917,

Paul Mathias Papua en 1938,

Dalí en 1949,

o Igor Zeinalov en la actualidad,
son sólo algunos de los artistas que desde el Renacimiento hasta hoy se han ocupado del tema. © Antón Rodicio 2011.

[Las imágenes de esta entrada provienen, respectivamente, de:
http://www.historia-del-arte-erotico.com/1528/jacopo%20ripanda%20-%20grabado%20de%20marcantoo%201500-5.jpg
http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Leda_and_the_Swan_1510-1515.jpg
http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Leda.jpg
http://en.wikipedia.org/wiki/File:Correggio_Leda.jpg]
http://corvus.freeshell.org/corvus_corax/two/art/leda/Leda_with_the_Swan_by_Bartolomeo_AMMANATI_marbe_Museo_Nazionale_del_Bargello_Florence.jpg
http://www.settemuse.it/pittori_scultori_europei/boucher/francois_boucher_014_leda_e_il_cigno.jpg
http://www.esacademic.com/pictures/eswiki/77/Musée_Picardie_Beaux-arts_08.jpg
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/6/67/Léda_et_le_Cygne_Amiens_FRA_001.jpg
http://art.vniz.net/kalmakov/Kalmakov-Leda_and_the_Swan-1917.jpg.shtml
http://www.mynameispeter.info/post/237218158/wickedknickers-lacontessa-leda-und-der
http://en.wikipedia.org/wiki/File:Leda_atomica.jpg
http://www.zeinalov.com/htm/e/erotic/leda_01.htm]

martes, 3 de mayo de 2011

Casi cien años y a pie de obra

Si quisiéramos trazar la crónica de los seres humanos que mantuvieron una actividad intelectual, artística o política de alto nivel hasta edades avanzadas, no deberíamos olvidarnos de Konrad Adenauer, que fue elegido canciller de la República Federal de Alemania en 1949, cuando tenía setenta y tres años, y reelegido en dos ocasiones, desempeñando el cargo durante catorce años consecutivos, en los cuales tuvo lugar el llamado milagro económico alemán.

Tampoco deberíamos olvidarnos de Carl Jung, uno de los padres de la psicología moderna, que finalizó la que acaso sea su obra capital, “Mysterium Coniunctionis”, pasados los ochenta años, y continuó produciendo escritos importantes hasta su muerte en 1961, a los ochenta y siete.

También habríamos de tener en cuenta a Tiziano Vecelio, una de las cumbres de la pintura universal, cuyas obras más conmovedoras son las que creó a partir de los setenta y cinco años, y a quien la muerte sorprendió poco antes de cumplir los cien, cuando estaba inmerso en la ejecución de un cuadro de nada menos que tres metros y medio de largo por casi cuatro de alto.

A estos tres y a muchos otros deberíamos tener en cuenta: Ingmar Bergman, Ernst Jünger, Pablo Picasso, Wiston Churchill, Bertrand Russell, Giuseppe Verdi, Louise Bourgeois…

Pero a quien yo pondría en el lugar de honor es al legendario Dux veneciano Enrico Dandolo, que a pesar de ser elegido para el más alto cargo oficial de su República a los ochenta y cinco años y estar casi ciego, consiguió, gracias a su tremenda energía física y mental, su ambición y su capacidad de intriga política, sentar las bases del poder político y comercial de Venecia sobre el Mediterráneo oriental. Su mayor hazaña y la clave de su éxito aparece referida en unas cuantas páginas del tercer volumen de la “Historia de las cruzadas” de Steven Runciman. Comenzó a tomar forma en 1202, en el décimo año de su mandato, cuando consiguió utilizar para sus propósitos un gran ejército constituido para fines radicalmente distintos. Importándole bien poco la excomunión papal, se las arregló para desviar la Cuarta Cruzada de su objetivo original de la lucha contra el Islam, dirigiéndola hacia la conquista de territorios cristianos que estorbaban los planes de expansión venecianos. Primero cayó la ciudad de Zara, perteneciente al reino de Hungría, y diecisiete meses más tarde, nada menos que Constantinopla, la capital del Imperio Bizantino, cuya operación de asalto a las murallas fue dirigida a pie de obra por el propio Dandolo, con noventa y siete años y su ceguera casi total, el 12 de abril de 1204. La Enciclopedia Católica afirma erróneamente que luego de esta victoria los barones le ofrecieron la corona imperial y él la rechazó, pero lo cierto fue que los venecianos se quedaron con las tres octavas partes de Constantinopla y con todas las zonas del imperio que estimaron útiles para asegurar su supremacía marítima. Y esta fue la base sobre la que Venecia llegó a ser la ciudad de ensueño que hoy conocemos. © Antón Rodicio 2011.